
(UN/VTV).- Más de mil ochocientas (1.800) personas, que superaron el aforo de la sala, se dieron cita en el segundo concierto de los venezolanos, que se produjo bajo la modalidad de "proms", es decir, boletos más económicos destinados al público menor de 26 años / El maestro Abreu mostró su satisfacción por el estallido de júbilo en la noche vienesa.
Una letra en inglés, dedicada a agradecer la visita de Gustavo Dudamel y de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, sobre la música del tema Blowing in the wind de Bob Dylan, entonaron las más de mil 800 almas que anoche se dieron cita en el Konzerthaus.
La nutrida asistencia, que superó el aforo de la sala, se debió a que el segundo concierto de los venezolanos se produjo bajo la modalidad de "proms", es decir, boletos más económicos destinados al público menor de 26 años, para lo cual se eliminaron las butacas del foso como si se tratara del espectáculo de una estrella pop, en el cual los asistentes permanecen de pie.
Sólo en laterales y balcones hubo sillas. El gesto de agradecimiento, que incluyó estrofas referidas al amor que sienten los venezolanos por la representación criolla y a la apertura de corazones que han logrado en el mundo, ocupó el espacio tras la conclusión del programa.
En la primera sonaron Revueltas, de Sensemayá, Mediodía en el llano, de Estévez, y Santa Cruz de Pacairigua, de Castellanos. Entre una y otra, el público no escatimó aplausos ni comentarios positivos (deducibles por las expresiones faciales más que por cualquier entendimiento de alemán) en los cuchicheos.
La Sinfonía N° 4 de Tchaikovsky inició la segunda parte. Hubo ruptura de protocolo, ya que entre los tres movimientos de la pieza se escucharon palmas, cuando el manual de buenas costumbres estipula que esto no debe hacerse. Tanto así que Dudamel se mantuvo de espaldas a la audiencia. Cinco minutos de aplausos hubo tras la conclusión del programa.
El fin oficial significó el comienzo del relajo
El zapateo sobre el parqué estremeció el recinto. Unos focos indiscretos revelaron que los chicos se ponían las chaquetas tricolor. Hubo gritos. Sonaron los acordes de la polka Palabras, que fue acompañada por el choque de palmas.
Al primer estallido de júbilo le siguió la música de Mambo que, como siempre, mostró instrumentos girando sobre las cabezas de los músicos y a éstos interrumpiendo la formalidad al levantarse de los asientos sin afectar la impecable ejecución de la pieza. Otro estallido del público.
Y cuando todo indicaba que venía el Malambo, Dudamel y la Sjvsb repitieron una obra de la noche anterior: La Marcha Radetzky, con la cual reciben cada nuevo año junto a las indicaciones del director de la Filarmónica de Viena.
Los últimos aplausos fueron interrumpidos por la algarabía que produjo el lanzamiento de las chaquetas. Desde arriba, el maestro Abreu mostró su satisfacción. Ya en la calle, chicas rubísimas y espigados caballeros lucían el tricolor venezolano sobre sus ropas de invierno. Lo que decían escapó al entendimiento de un suramericano orgulloso.







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